¡Bin Go o Beano!

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Hay muchas leyendas en torno al surgimiento del nombre de este singular juego. Una de ellas da cuenta de que la palabra bingo surgió a finales del siglo XIX en Gales, donde un grupo de trabajadores de la

Hay muchas leyendas en torno al surgimiento del nombre de este singular juego. Una de ellas da cuenta de que la palabra bingo surgió a finales del siglo XIX en Gales, donde un grupo de trabajadores de las minas, que prácticamente no tenían dinero ni para comer, apostaban en tarjetas muy precarias, marcando los números sorteados con habas (bean, en inglés, cuya pronuncia es "bin").

Aquel que ganaba, se llevaba todas las habas recolectadas en las tarjetas de todos los mineros. O sea, el victorioso podría llevar un saco lleno de habas para casa, y así nació la expresión "bean go", para sugerir que las habas iban hacia el vencedor.

Otra versión indica que cuando el juego llegó a América del Norte en 1929 se hizo conocido como "beano". Se sabe que se jugó como introducción a un carnaval cerca de Atlanta, Georgia.

Las herramientas del juego consistían en habas secas, un timbre de goma con números y algunas tarjetas. Un vendedor de juguetes de Nueva York llamado Edwin Lowe captó la fascinación de los jugadores al gritar "¡beano!" cuando completaban una línea de sus tarjetas.

Lowe introdujo el juego para sus amigos en Nueva York donde uno de ellos por error gritó espontáneamente "¡bingo!" en su exaltación. "El bingo de Lowes" inmediatamente se hizo muy popular. Edwin Lowe, el iniciador del juego "Lowes Bingo", buscó los servicios de un profesor de matemática de la Universidad de Columbia, Carl Leffler, para ampliar la cantidad de combinaciones.

En 1930, el profesor Leffler creó 6.000 tarjetas de bingo con grupos de números no repetidos. Si bien la historia cuenta que pudo completar la tarea con éxito también se dice que en ese momento perdió la cordura.

Sea cual fuese el verdadero origen de su nombre, el Bingo, desde su aparición, ha llevado familias enteras a los salones del mundo, inclusive en lujosos casinos, como los de Monte Carlo y se transformó en una prometedora industria global de entretenimiento y ocio.

En 1966 se creó la primera legislación relacionada al Bingo en Inglaterra. Esa iniciativa despertó el interés de muchos empresarios en toda Europa, haciendo lo que en la década siguiente -la de los 70- se conoció como la Fiebre del Bingo Moderno, el precursor de las actuales máquinas high-tech y salones sofisticados.

En el inicio, los equipamientos eran artesanales y en nada se parecían a los modernos y sofisticados equipamientos y hoy podrían formar parte de la colección del Museo del Bingo. El camino trazado por los empresarios del Bingo no fue fácil. Se necesitaron muchos años de lucha para que surgieran leyes específicas que garantizaran la seguridad, la legitimidad del sector y una buena diversión para sus clientes.

Tal vez hay quien tenga añoranzas del tiempo en que, para tener un salón era necesario solamente un carpintero, un electricista y algo de dinero. Pero al entrar en un bello lugar, con máquinas modernas, aire acondicionado, vendedoras y camareros solícitos, se olvida rápidamente aquella época romántica que forma parte de la historia del bingo.

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